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No Matarás

Escribo porque son las cuatro y media de la mañana y no puedo seguir llorando más. Escribo, como era de esperarse, este primer ¿cuento? como una necesidad. D...

Escribo porque son las cuatro y media de la mañana y no puedo seguir llorando más. Escribo, como era de esperarse, este primer ¿cuento? como una necesidad. 

Diecisiete... dieciocho. Menos treintaitrés... treintaidós. Ahora mismo tendrías unos catorce años, quizá acabando la secundaria. Me horroriza saber que no sé -ni sabría- contestar por qué las abuelas escuchan rock pesado en sus corazones y lo tienen como tema en sus vidas desde hace años, cuando bien pudiera haber arpas, o por qué un adulto joven al que no le falta nada huele a pordiosero la mayoría del tiempo, pero ese suele ser nuestro pan en estos días. Quizá no me harías esas preguntas, y en tu corazón moraran preguntas que nisiquiera sé imaginar. Quizá me abrirías tu corazón. Quizá me rechazarías y censurarías. No lo sé. No hay forma de saberlo.

No soy un cínico: sé que Dios es bueno; si estuviera en los infiernos no podría llorar mis penas ni agradecer Nuestras faenas. No estoy amargado, simplemente a veces hay que trabajar a deshoras y el primer trabajo del hombre es ser hombre. Dios nos da la herramienta, la ciencia y la guía; Él que ya es Camino, Verdad y Vida. Eso es lo que sé.

Te encontrarías con una madre muy amorosa y talentosa y con un padre similar. Tu familia te amaría y sería una familia más grande que la que me tocó conocer a mí. Tu abuelo, un buzo con grandes historias. Te divertirías muchísimo con él. El otro abuelo un desobligado del que no queremos hablar; se borró del mapa. Tus abuelas, por otro lado, mujeres buenas, que han sabido criar. Las amarías más que a nadie y por igual. Aún no te había tocado llorarlas y yo no sabría consolarte diestramente cuando ocurriese. 

¿Qué hubiese pasado si no hubiésemos tomado esa pastilla? Nunca lo sabré. Lo que si sé es que por estas fechas lloro repentinamente, y es un llanto explosivo en su raíz pero discreto en su expresión, un llanto que casi no cambiaría por nada...

Ya pasan de las cinco de la mañana. Mejor me meto a bañar para comenzar la jornada. Ni idea de cómo te habrías llamado, de ser el caso. Esas cosas ya ni las elige uno. Mejor dejo de escribir lo que ya no es y le doy cuerda a mi espalda antes de que amanezca el alba.