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De un segundo para acá me he convertido en un hombre de negocios. Pero no uno cualquiera. Me parezco en los negocios a muchos: busco estabilidad económica pa...

De un segundo para acá me he convertido en un hombre de negocios. Pero no uno cualquiera. Me parezco en los negocios a muchos: busco estabilidad económica para mis seres queridos, generar oportunidades de estabilidad para otros, descubrir qué beneficios reales tiene el capitalismo, etc. También tengo los miedos que muchos comparten, como el apego desmedido a lo que no me sacia, ser parte de una injusticia creciente y monstruosa o vivir con miedo y para trabajar. Pero decía que no soy un hombre de negocios cualquiera. Hay algo que me hace distinto.

Hoy en misa me sentí regañado y hasta minusvalorado, pero no por algo que se haya dicho durante la misa. Recordé mis propósitos y me asaltó la sensación de abandono, pero del abandono que yo suelo tener de mis propios propósitos. Suelo abrazorlos con ánimo y después olvidarlos o hasta abandonarlos. Dudas y certezas penetran mi corazón antes de empezar el ritual. Luego la bondad dio vueltas por la silla y se me echó al regazó para recordarme que todo está bien, que el mejor negocio es terminar contento y en paz.